Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Gabriel Benavides Rincón

Bogotá, D.C.

¿QUIÉN NECESITA DE MI?

El cuidado como escenario de construcción del otro

¿Quién me necesita? ¿Dónde se ancla la subjetividad de quien niega a los demás? ¿En el tener, en el consumo veloz y voraz, en el hedonismo particular? ¿En la inmediatez efímera de un video clip con miles de imágenes pasando en instantes? Son preguntas de sentido existencial en tanto que se orientan a identificar motivos vitales en medio de los vínculos cotidianos que establecemos las personas. El otro me da un amparo y me brinda una oportunidad de experimentar el cuidado mutuo, pero su invisibilización es un peligro para mi propia existencia.

Más redes, más discapacidad social

En el contexto de las redes sociales con millones de participantes, somos menos hábiles para establecer vínculos presenciales seguros

Somos testigos, y en ocasiones partícipes, de los déficits de socialización que tenemos en la actualidad, lo cual trae consigo impactos poco deseables en el ejercicio de nuestras responsabilidades sociales y en el posicionamiento de sentidos equívocos de la autonomía personal, aspectos que impiden visibilizar al otro como un auténtico par en la convivencia y generan una tendencia hacia lo que se podría llamar “discapacidad social”. Paradógicamente, en el contexto de las redes sociales con millones de participantes, somos menos hábiles para establecer vínculos presenciales seguros. Hoy tenemos más posibilidades de causarnos daño individual y socialmente, y nos encontramos en un escenario de incertidumbres que nos atemoriza y nos lleva a desconfiar fácilmente de los demás.

La modernidad, luego de varios siglos, empieza a mostrar algunas limitaciones, como las sospechas que generan sus propios resultados, el debilitamiento de un tipo de racionalidad que pretendió formular verdades universales, la insuficiencia de la explicación casi descriptiva sobre la naturaleza pero sin la comprensión del sentido de la existencia humana, y el paulatino deterioro ambiental generado por los efectos técnicos y sociales de esa misma racionalidad. De ahí que la postmodernidad traiga consigo un discurso más contextualizado, fragmentado si se quiere, sin pretensiones de universalidad, ni de palabras definitivas.

Ese desencantamiento de la modernidad también se encuentra en el ámbito de la reflexión ética, donde se puede hablar de un debilitamiento de la racionalidad justa, basada en principios universales (al servicio de intereses particulares), objetivada en leyes, con la autonomía individual como fin último. La misma universalidad de los derechos es una pretensión de “dudosa procedencia”, en nombre de ellos más que justicia, no en pocas ocasiones, hemos generado hambre, violencia, dolor, muerte, desesperanza, angustia porque consideramos que nuestros derechos son más importantes que los derechos de los demás.

La reflexión ética ha pasado de un trabajo centrado en el razonamiento moral, androcentrista, convencional, legalista, genérico, enfocado en los derechos y los deberes, a una consideración de las situaciones éticas mucho más atenta de las responsabilidades y los vínculos, descentrada del exclusivo cumplimiento del deber, donde la mirada del otro es parte fundamental de la comprensión ética. Así se delineó esa otra mirada sobre lo que puede ser una buena vida, comprendiendo que la perspectiva femenina para valorar, emitir juicios y actuar tiene componentes diferentes a la patriarcal lógica deontológica.

El desarrollo de esa otra mirada ha traído consigo efectos e impactos en todos los ámbitos de la vida social. Uno de esos desarrollos particulares es la propuesta de Ned Noddings conocida como pedagogía del cuidado, con la cual se pretende ofrecer una alternativa de revitalización al proceso formativo. Las nuevas generaciones de ciudadanos virtuales, con lógicas multimediales e hipervinculadas deben vivir una experiencia escolar que ha cambiado muy poco en los últimos 50 años, una escuela que no permite la participación, que busca disciplinar en el silencio, el trabajo individual y la quietud de los cuerpos. Nos encontramos trasegando la vida escolar de materia en materia, de clase en clase, de cuaderno en cuaderno, de previa en previa desdibujando el sentido final de lo educativo.

Dar y recibir cuidado cotidianamente, son experiencias vitales para la conformación de subjetividades pero también de vínculos interpersonales que generan sentidos existenciales más plenos, puesto que no vivimos para cumplir normas “objetivas”, y por ende el proceso formativo no tiene como fin último enseñar a obedecer, lo cual parece ser una pretensión desde el esquema de una escuela controladora que impone estándares para que los estudiantes aprendan lo mismo y de manera sincrónica. Una escuela que propende por la formación del sujeto desde un único modelo que no valora ni respeta las diferencias, pero que tampoco alcanza su objetivo de estructurar sujetos autónomos y respetuosos de los acuerdos sociales. En ese sentido, las ideas sobre el cuidado, la compasión, la alteridad aún no constituyen parte de los objetivos educativos ni de la acción pedagógica de los maestros.

En su lugar Noddings plantea que “las escuelas deben ser centros de cuidado… empezando por el cuidado de sí mismo”. Es una invitación a pensarnos la escuela como escenario privilegiado para enriquecer la socialización y construcción de nuevas subjetividades. Escuelas como centros de cuidado, no solo de atención y asistencialismo (a la infancia), sino de consideración y valoración del otro (de todos los otros) en su dignidad echa también de y en la urdimbre social.

La vida escolar es una etapa muy valiosa que no se puede quedar en la instrucción academicista, uniformante, centrada en contenidos alejados de la realidad de los estudiantes. Sería de gran valor pensarse las escuelas como centros de cuidado del legado social, algo así como el contexto privilegiado donde cada comunidad cuida tanto sus frutos más preciados, como las posibilidades de nuevos modos y sentidos. La misma instrucción tendría que ser una acción ética más cuidadosa, en tanto que compartimos con otros lo que consideramos es lo mejor de nosotros, para que esos vínculos de humanidad se enriquezcan, se nutran.

Insisto, la escuela es un escenario y un momento muy valiosos para aprender a cuidar y ser cuidado, favoreciendo experiencias diarias de cooperación por medio de la presencia del otro no amenazante sino dialogante. Como todo proceso, el cuidado se puede trabajar desde la dinámica de espiral que tiene su punto de partida en el cuidado de sí mismo, se amplía con el cuidado a los demás, y luego se mueve por distintos escenarios del contexto social y físico, hasta llegar a la atención considerada y cuidadosa de las ideas. La apuesta curricular, como todo aquello que propone la escuela para alcanzar su objetivo último en términos de formación, bien se podría enriquecer con esta apuesta formativa.

Escuelas como centros de cuidado: de consideración y valoración del otro

Dar y recibir cuidado cotidianamente, son experiencias vitales para la conformación de vínculos

Otro aspecto de la propuesta consiste en el ejercicio consciente de asumir la praxis educativa desde unos conjuntos de acciones que comprometen al maestro vitalmente con los otros. Hago referencia a: modelar, dialogar, practicar y confirmar. Los estudiantes esperan que suceda algo (y algo bueno-bondadoso) con la presencia de su profesor, en ese sentido el modo de habitarnos, de proponer las interacciones diarias, de posicionar nuestros cuerpos ante los demás empieza a ser o no formativo (entre tanto los estudiantes deben permanecer sentados). Esto se nutre de la palabra, de la posibilidad de pronunciarla, de recibirla, de posicionarla como parte de la presencia del otro, como testigo de la existencia; necesitamos dialogar, no solo monologar que sin duda puede ser otra manera de ignorar al otro (entre tanto los estudiantes deben permanecer en silencio). Y como todo lo ético, lo anterior se concreta en la acción, nos faltaría imaginación para proponer modos de acción que nos permitan experimentar el cuidado y además aprender con los demás (entre tanto los estudiantes deben permanecer solos). Completaríamos el recorrido si nos miramos amorosa y críticamente, si somos capaces de reconocernos en lo dicho y en lo hecho, y desde allí nos comprometemos a dar una vuelta más, a con-versar existencialmente en búsqueda de una buena vida feliz con los demás.



escrito el 20 de Septiembre de 2012 por en General

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1 Comentario en ¿QUIÉN NECESITA DE MI?

  1. Valle Jimenez Jorge | 15-06-2016 a las 4:52 PM | Denunciar Comentario
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    Los adultos estamos en la sociedad para cuidar a NNA y el cuidado esta de la mano con la educación, los NNA son el presente que llegaran a ser en el futuro lo que ellos desean ser

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